No somos buenas amigas
No, no soy buena amiga. Pensaba que lo era, pero me doy cuenta de que no lo soy.
No soy buena amiga porque tiendo a ser egoísta; me la paso creando proyectos, buscando cosas que hacer dentro de mi profesión que me hacen sentir bien, y eso a veces me aleja de ser una buena amiga.
No soy buena amiga porque a veces me olvido de hablarte, de preguntarte cómo estás por estar metida en mis rollos.
No soy buena amiga porque, a pesar de eso, quiero que seas tú quien me busque para sentirme aún especial para ti, a pesar de mi distancia.
No soy buena amiga, a pesar de que creo serlo… Creo ser esa persona que sabe escuchar, que sabe ser empática, que sabe acompañar; soy esa amiga que, si está contigo, nunca va a ser por conveniencia, de eso puedes estar segura. Fingir no ser yo para que me aceptes no es lo mío… quizá por eso pienses que no soy buena amiga; vas a escuchar lo que creo que es mejor para ti.
No soy una buena amiga, pero muchas veces he sentido que las demás tampoco lo son, porque no actúan como me gustaría o como creo que es ser amiga; porque veo cosas en ellas que me hacen sentir poco importante; porque en algunas cosas son diferentes a mí y muchas veces siento que no nos valoramos. Aun así, intento conocerlas, respetarlas y quererlas. No siempre se logra y eso duele, pero muchas veces es mejor que nuestra madurez decida la amistad: una amistad sincera, de verdad, no solo porque sí.
Y es que quizá tú piensas que no soy buena amiga, así como yo también lo pienso. Exigimos tener una buena amiga sin saber realmente si nosotras lo somos.
Soy esa amiga que, como tú, sigue en la búsqueda personal: de sanar heridas, esa herida de la amistad, del autoestima. Buscando a Dios para de verdad ser esa persona que Él creó… ahí definiré si soy o no una buena amiga.
No, no soy buena amiga, pero intento serlo
Por María José Sierra
Vive el Arte de Ser Humanos

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