Lectio Divina

La Lectio Divina - oración - es ante todo, un ejercicio ordenado de la escucha personal de la Palabra de Dios, es una lectura lenta, atenta y guiada por el Espíritu Santo. 

La lectura a realizar, debe ser tomada de los textos sagrados encontrados en la Biblia (libros), porque a través de estas narraciones, nos habla Dios en nuestras vidas. - otra forma en la que nos habla, es por medio de la belleza de la naturaleza, pero con el ajetreo del día, no nos damos cuenta por ejemplo, de un hermoso atardecer-.

Para empezar la Lectio Divina, debemos estar en un lugar que nos motive a estar lo menos tensos posible y con menos distracciones, por ejemplo, tener la televisión o radio encendida, o en su defecto, no es lo mismo realizar la oración acostados en una cama - que lo más seguro nos quedemos dormidos - a estar sentados en una silla.

Lo segundo es que debemos tener a la mano la Biblia, escogiendo algún texto - puede ser y como sugerencia, la lectura del domingo próximo o la lectura del día según el misal romano - y, tercero y fundamental  tener disposición de corazón, esto es, apertura total a la ESCUCHA ATENTA DE DIOS.

Los pasos propios para realizar la Lectio Divina son los siguientes, mismos que también puedes ver en el siguiente video:


1. LECTURA (Lectio) - Se hace la oración para invocar al Espíritu Santo, - Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus files y enciende en ellos el fuego de tu amor, envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Amén.

Una vez hecha la invocación, procederemos ha hacer una lectura del texto seleccionado sin encontrar algún significado especial, esta primera lectura debe realizarse de manera normal. Después haremos una segunda lectura, contestando a la pregunta ¿qué dice el EVANGELIO - la buena nueva - ?.  Seremos fieles a la lectura que realizamos y no pondremos o agregaremos cosas extras que no vengan en el texto.

2. MEDITACIÓN (Meditatio) - esta parte responde a la pregunta ¿qué nos dice el texto a nosotros? que es distinto a lo que dice el texto. Aquí el EVANGELIO nos cuestiona, nos interroga; y una manera de saber qué es lo que nos interroga o nos cuestiona, es detectando aquella frase o palabra que nos ha llamado la atención, nos guste o hasta nos desagrade.

tenemos que "Sacarle el jugo" a la Palabra de Dios, repitiendo - recordemos que la palabra meditatio viene del griego hebraico  "haga" que significa la acción concreta de memorizar, es decir repetir la palabra - ¿y qué vamos a repetir?, podemos repetir mentalmente o en voz baja - aquella pequeña frase o palabra que nos cuestiona o interroga, encontrando, mediante la reflexión, algún mensaje para nuestros días.

Nota: El lector hace todo para hacer entrar el texto en su memoria, para sacarle su sustancia y asimilarla, es una "masticación" "rumiación" de la Palabra que es alimento.

3. ORACIÓN (Oratio) Debemos utilizar las palabras y sentimientos del EVANGELIO, "Si el texto es oración, ora; si es gemido, gime; si es gratitud; agradece; si es un texto de esperanza, espera; si es de temor; teme" (San Agustín), podemos entablar un diálogo con Dios, diciéndole cómo nos sentimos, o agradecerle por algo, o pedirle algún consejo.

En la oración me entrego a Dios, así como Él se entregó en la lectura, permaneciendo junto a Él, como aquellos primero discípulos que vieron donde vivía y se quedaron con Él - Jn 1, 39.

4. CONTEMPLACIÓN (Contemplatio) - En el momento en que le abramos la puerta a Dios, él entrará en nuestro corazón; esa presencia y proximidad se hace cada vez más silenciosa, como un paseo entre un amado y amante; aunque no es fácil entrar en esta etapa - puesto no depende de nosotros sino del Espíritu Santo en nosotros-, hay que saber insistir en esperar que Cristo toque la puerta, abrirle, recibirlo y contemplarlo "cara a cara" -.

La contemplación es el lugar más hondo del corazón donde mora Dios, y podremos ver, amar, y actuar cómo sólo Dios- Jesús lo sabe hacer, de esta manera estaremos siguiendo sus pasos.

Esperamos que estos pasos te ayuden a la oración personal y puedas hacer de la Lectio Divina un estilo de vida; recordando que en este ejercicio ordenado de la Palabra de Dios no estamos solos, sino que siempre estamos acompañados con el que nos Amó desde el principio. 

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