Lectio Divina

Ser mamá no es fácil

La maternidad es, sin duda, una de las etapas más bonitas para la mujer, pero también una de las más rudas, llena de soledades y llantos silenciosos.

No voy a hablar de los embarazos inesperados, que sin duda traen consigo muchísimas emociones y sentimientos difíciles. Quiero hablar de la maternidad en general, de ese momento en el que tu vida cambia para siempre.

Es cierto que cuando nace tu hijo, lo poco o mucho egoísta que hayas sido tiene que empezar a irse. Ya no estás sola. Todo lo que pienses o hagas será por y para ese pequeño. Cuesta trabajo, pero así sucede. Comienzas a tomar decisiones donde tu prioridad son ellos, y eso duele, porque tienes que olvidarte un poco —o mucho— de ti.


No, no te estoy diciendo que debas dejarte a un lado. Al contrario: te vuelves a encontrar desde una perspectiva que nunca imaginaste. Buscas ese equilibrio para estar bien en todas las áreas, aunque a veces sientes que no puedes. Entonces te das cuenta de que eres el soporte y el lugar seguro de alguien que te ve como su persona favorita, como lo que más ama. Eres quien guía su camino de vida.

Sus abrazos, sus cartitas, sus sonrisas; tomarlos de la mano, escuchar su vocecita y verlos jugar se vuelve tu sentido de vida. Y así como cuando se enferman, cuando te dicen que te extrañan, cuando los ves llorar o tristes, tu corazón se destroza junto con el de ellos. Pero debes mostrarte fuerte, tranquila y segura, enseñándoles con amor que así es la vida, y que estarás a su lado en cada momento.

Ser mamá me ha cambiado la vida. Han pasado ya once años de ese primer momento y ocho del segundo. Sé que tengo los mejores regalos y bendiciones del cielo, pero también la responsabilidad de formar buenos seres humanos, personas de bien, que sepan que, además de mamá y papá, Dios siempre estará a su lado.

Ser mamá no es fácil. Puedo decir que aumentaron mi ansiedad, mi estrés y mis crisis existenciales. Pero verlos sonreír, ser felices, abrazarlos y verlos crecer me motiva a seguir. Porque en ellos veo no solo un regalo, sino un acto de confianza que Dios me envió, y debo hacer lo mejor por estos pequeños.

No, la maternidad no es fácil: duele, cuesta, es ruda…pero lo vale.

Por: María José Sierra

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