Lectio Divina

Ser congruentes en tiempos modernos

"Qué difícil es ser congruente hoy en día".

Existen tantas ideologías y corrientes de pensamiento que, poco a poco, nos vamos alejando de la verdad, de lo natural, de aquello para lo que fuimos creados.

Muchas veces las ideologías son solo eso: ideas que el mundo intenta imponernos. Nos ven vulnerables y se aprovechan de nuestras heridas, de nuestras inseguridades y de nuestra necesidad de pertenecer. Nos seducen con modas, tendencias y discursos que parecen inofensivos, pero que pueden terminar vaciando el sentido profundo de nuestra vida.


Se nos hace más fácil pensar solo en nosotros mismos: en nuestras pasiones, en nuestros deseos, en nuestra conveniencia, en lo que creemos que es mejor para nosotros, sin detenernos a considerar el daño que podemos causar a los demás… y también a nosotros mismos, porque todo acto tiene consecuencias.

Buscamos lo fácil y lo inmediato. Hoy todo parece desechable: amistades, relaciones de pareja, trabajos, incluso la familia. Si una amistad deja de “funcionar”, la reemplazamos. Si una relación presenta dificultades, miramos hacia otro lado. Si el trabajo exige esfuerzo o el estudio requiere disciplina, decimos: “eso no es lo mío”, y preferimos retirarnos.

No estoy diciendo que debamos soportar maltrato o vivir en infelicidad. No. Dios no nos creó para sufrir abusos ni para vivir oprimidos. Nos creó para amar y ser amados, para vivir en libertad, pero no en libertinaje.

Fuimos creados con dignidad, con un propósito y con una identidad. Cada persona tiene una misión y un plan de vida. Sin embargo, las redes sociales y el entorno digital muchas veces nos distraen, nos confunden y nos hacen creer que sin Dios estamos mejor, o peor aún, que somos autosuficientes al punto de convertirnos en nuestros propios dioses.

Como padres, tenemos un gran reto: proteger, orientar y formar a nuestros hijos. Hablarles de Dios, acompañarlos en su crecimiento, enseñarles a discernir. Pero muchas veces cedemos ante la presión social, ante el deseo de pertenecer, ante la búsqueda del “like” y la aprobación externa, olvidando lo verdaderamente esencial.

Si nosotros mismos nos dejamos arrastrar por esta corriente, ¿cómo podremos ayudar a nuestros hijos a salir fortalecidos de esta batalla cultural?

Lograr equilibrio en todas las áreas de nuestra vida no es sencillo, pero es necesario. No la tenemos fácil, pero tampoco es imposible. Entrando más a detalle en el punto de "la congruencia". Porque no se trata solo de organizar nuestro tiempo o distribuir responsabilidades, sino de vivir en coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos. Sin congruencia, cualquier intento de equilibrio se vuelve superficial; con ella, en cambio, nuestra vida adquiere un sentido y una dirección.

En el contexto católico, la congruencia es la coherencia lógica y consecuente entre lo que se profesa en la fe y cómo se vive cotidianamente, reflejando la santidad de Dios en acciones concretas. No basta decir que creemos; es necesario que nuestras decisiones, palabras y actitudes lo confirmen. De lo contrario, caemos en una vida fragmentada donde lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos no caminan en la misma dirección. 

La congruencia es esencial para un testimonio auténtico. Una vida incongruente no solo debilita nuestra propia vida espiritual, sino que también puede escandalizar y afectar la credibilidad de la fe ante los demás. En cambio, cuando existe coherencia entre fe y vida, se genera autoridad moral y madurez espiritual, incluso en medio de pruebas y dificultades. Como ha señalado el Papa Francisco, si Dios es santo pero nuestra vida no refleja esa santidad, existe una incoherencia que debemos revisar. Vivir los mandamientos, la moral, la justicia social y el amor al prójimo con valentía es parte fundamental de esa coherencia.

Desde la perspectiva teológica, el llamado “congruismo” explica cómo la gracia de Dios actúa en circunstancias favorables para que la voluntad humana responda libremente. Esto subraya algo  esperanzador: Dios no anula nuestra libertad, sino que la sostiene con su gracia. La congruencia, entonces, no es solo un esfuerzo humano, sino también es una respuesta a la gracia recibida.

Vivir en congruencia fomenta la amistad con Dios, fortalece nuestra misión en el mundo y nos impulsa a ser coherentes en todos los ámbitos: familia, trabajo, política y sociedad. Es un llamado a que nuestra fe no se quede en palabras, sino que se traduzca en acciones concretas que construyan, que dignifiquen y que reflejen el amor de Dios.

Porque al final, el verdadero equilibrio no se logra acomodando piezas externas, sino alineando el corazón con la verdad que profesamos.


Una reflexión de María José Sierra

Vive El Arte de Ser Humanos


Bibliografía:

 Catholic.net. La congruencia.

Diócesis de Sigüenza-Guadalajara.Coherencia entre fe y vida.

 Aciprensa. Congruismo.

Catholic.net. *Católicos en la política: la importancia de la congruencia.



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