Qué es la cultura de la muerte

Qué es la cultura de la muerte

El término cultura de la muerte se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, la cual se convierte en una serie de actitudes, comportamientos, instituciones y leyes que fomentan la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos. 



Cultura de la muerte es todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros, etc.

La cultura de la muerte no es verdadera cultura, sino anticultura, pues sólo hay verdadera cultura allí donde hay humanización, respeto a todos los hombres y a cada hombre, promoción integral de los bienes inherentes a cada existencia humana, comenzando, precisamente, por ese bien que posibilita la convivencia de la sociedad: el de la vida de cada uno de nosotros.


Aunque la cultura de la muerte se ha extendido por toda la historia de la humanidad, ha sido en los últimos siglos que ha asumido unas características sin precedentes. 
Lo inédito, lo nuevo, de esta cultura de la muerte, es el hecho de que gran parte de la sociedad la justifica en nombre de una falsa libertad individual y que incluso ha logrado, en muchos países, que los gobiernos la legalicen y que sea perpetrada precisamente por algunos de aquellos que se supone sean los primeros defensores de la vida: los médicos y otros profesionales de la salud.


Rostros de la cultura de la muerte

La amenaza de la explosión demográfica y los programas controlistas de la natalidad

Se puede decir que la moderna cultura de la muerte comenzó a finales del siglo XVIII con Thomas Robert Malthus, profesor de economía política. Argumentó que las poblaciones humanas sin supervisión crecerían hasta ya no ser sustentables por la cantidad de tierra disponible para la agricultura, en cuyo momento muchos morirían de hambre. 

Malthus sostuvo que había que controlar el crecimiento de la población, especialmente de "las clases inferiores de la sociedad"; creía que, si se les negaba a los pobres la ayuda económica, tanto pública como privada, éstos "se darían cuenta de las ventajas" de limitar sus familias de acuerdo con sus ingresos.

En 1968 el Dr. Paul Ehrlich, autor de “La Bomba de la Población”, afirmó que la Tierra ya había sobrepasado su capacidad de producción y predijo una situación cercana al desastre caracterizada por una hambruna generalizada y la muerte por inanición.

Esta mentalidad fatalista e imperialista que está presente en los programas controlistas que el primer mundo le ha ido imponiendo a las naciones en desarrollo a través de condicionamientos y presiones económicas tiene su origen en el llamado Informe Kissinger (1974), donde se establece como objetivo político de los Estados Unidos que se deben cambiar los preceptos religiosos y culturales de los pueblos, que son los que hacen inviables las políticas de control de natalidad.


Frente Nacional por la Familia

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